Millones de personas que han huido de la guerra de Sudán corren el riesgo de pasar los próximos meses sin un refugio adecuado porque se agotan los materiales de emergencia y faltan fondos para reponerlos. ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) han advertido este viernes 6 de noviembre de que 15,4 millones de personas necesitan urgentemente alojamiento de emergencia y enseres básicos. Hasta ahora, solo 936.000 han recibido asistencia.
Las agencias explican que la falta de recursos limita la ayuda que pueden priorizar a alrededor del 10% de quienes la necesitan. Ese porcentaje no describe a toda la población desplazada ni significa que ya se haya atendido a una de cada diez personas: el comunicado distingue las necesidades, la capacidad de respuesta y las personas efectivamente asistidas.
Volver a casa no siempre significa encontrar un hogar
El comunicado conjunto de ACNUR y la OIM incluye entre quienes necesitan ayuda a familias que han regresado a sus lugares de origen y han encontrado sus casas destruidas. La vuelta puede terminar en otro desplazamiento si faltan vivienda, agua, electricidad o servicios básicos.
Las dos organizaciones sitúan en unos 8,6 millones las personas que siguen desplazadas dentro de Sudán y en más de 4,6 millones las que han huido a través de sus fronteras. A la vez, contabilizan más de 5,2 millones de retornos a zonas de origen, en su gran mayoría de personas antes desplazadas dentro del país, junto a refugiados que vuelven desde países vecinos.
Son categorías y movimientos distintos. Los retornos no deben sumarse al número de desplazados actuales como si fueran personas adicionales que permanecen fuera de sus hogares. Tampoco los 15,4 millones que necesitan refugio equivalen al total de quienes han cruzado una frontera.
Tiendas, mantas y utensilios que se agotan
La alerta no se limita a conseguir una tienda de campaña. Los enseres domésticos, las esterillas, las mantas, las lámparas y los materiales con los que reparar un alojamiento ayudan a reducir la exposición al frío, la inseguridad, la violencia y la explotación. Para mujeres, niños y otras personas en situación de mayor riesgo, disponer de un espacio protegido es también una cuestión de seguridad.
Las agencias piden financiación flexible y previsible para mantener las cadenas de suministro y colocar material en las zonas prioritarias antes de que sea necesario. Sin una entrada urgente de fondos, advierten, más familias tendrán que afrontar condiciones meteorológicas duras en alojamientos dañados o improvisados.

La financiación y el acceso fallan a la vez
El Plan de Necesidades y Respuesta Humanitaria de Sudán para 2026 requiere 2.900 millones de dólares para prestar asistencia vital a 20,4 millones de personas, dentro de una población necesitada de 33,7 millones. Según el comunicado, solo se ha recibido alrededor del 47% de los recursos solicitados.
Ese porcentaje corresponde al plan humanitario general, no a la cobertura de refugios de emergencia. Son magnitudes diferentes: una describe el dinero recibido para múltiples servicios y otra, a cuántas personas puede priorizar la respuesta de alojamiento. La falta de financiación está obligando a reducir servicios y concentrarse en las necesidades más urgentes.
El dinero no es la única barrera. Los combates, la inseguridad y los ataques con drones generan nuevos desplazamientos y restringen el trabajo humanitario. Las carreteras e infraestructuras dañadas, junto con los problemas logísticos, dificultan transportar y almacenar suministros cerca de las familias que los necesitan.
La presión sobre la ayuda se suma a los daños a instalaciones civiles descritos en nuestra cobertura del ataque con dron en Kordofán y la crisis humanitaria sudanesa. La alerta de este viernes se centra en otro frente concreto: la distancia entre la necesidad de refugio y los materiales disponibles para dar respuesta.
ACNUR y la OIM afirman que siguen trabajando con organizaciones locales y otros socios para compartir suministros y llegar a las zonas de mayor necesidad. Pero advierten de que ese esfuerzo no puede mantenerse sin fondos estables. Después de más de tres años y medio de guerra, salir de una zona de combate o regresar al lugar de origen no garantiza todavía un sitio seguro donde dormir.


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