Dos grandes análisis de historiales clínicos de Estados Unidos alertan de un aumento del sangrado en lactantes mientras disminuye la administración de vitamina K al nacer. Los trabajos, publicados el 5 de noviembre en JAMA y JAMA Pediatrics, refuerzan la importancia de una prevención que lleva décadas recomendándose. No son ensayos que retiren deliberadamente la vitamina a los bebés: son estudios observacionales y sus resultados deben leerse con esa limitación.
La inyección de vitamina K no es una vacuna. Aporta un nutriente necesario para que la sangre coagule y evita hemorragias relacionadas con su déficit. Los recién nacidos tienen reservas bajas, y la cantidad que reciben durante el embarazo o a través de la leche no basta para garantizar esa protección. La Academia Americana de Pediatría recomienda una dosis intramuscular tras el nacimiento desde 1961.
Qué encontró el análisis de 5,2 millones de bebés
El estudio de JAMA, liderado por Kristan Scott y un equipo del Hospital Infantil de Filadelfia, examinó 5.240.780 nacimientos hospitalarios entre 2017 y 2025. Incluyó bebés nacidos entre las semanas 35 y 43 de gestación. La proporción sin administración registrada de vitamina K intramuscular pasó del 3,1% al 6,8% durante ese periodo: más del doble.
En el conjunto de los años estudiados, se registraron episodios de sangrado durante los primeros seis meses en 288 de cada 10.000 bebés sin la inyección, frente a unos 186 de cada 10.000 que sí la recibieron. Tras ajustar por factores como la edad gestacional, el sexo, características maternas y condiciones sociales, la falta de vitamina K se asoció con un riesgo relativo un 47% mayor. Ese 47% no es la probabilidad de que un bebé sangre, ni significa que el 47% de los niños sin inyección sufrieran una hemorragia.
La diferencia también apareció en las hemorragias intracraneales: 33 frente a unos 13 casos por cada 10.000 nacimientos, con un riesgo relativo ajustado de 2,43. Los investigadores observaron asimismo una mayor frecuencia de muerte con un diagnóstico de sangrado durante el ingreso del nacimiento. Esto último no permite afirmar que cada una de esas muertes estuviera causada por el déficit de vitamina K.
Otro trabajo observa un aumento del déficit y del sangrado asociado
El equipo dirigido por Elizabeth Wolf, de Virginia Commonwealth University, analizó registros de 11.000.782 lactantes de hasta seis meses nacidos desde la semana 35. Entre 2017 y 2025, la administración registrada de vitamina K inyectable cayó del 97,7% al 95%. La tasa de sangrado diagnosticado como asociado a su déficit pasó de 24 a 107,4 por cada 100.000 bebés.
Son dos análisis de la misma gran plataforma de historiales electrónicos, Epic Cosmos, con criterios y preguntas distintos. No deben sumarse sus muestras como si fueran más de 16 millones de niños independientes. Tampoco sus cifras de sangrado son intercambiables: el trabajo de JAMA emplea una definición amplia que incluye diferentes diagnósticos, mientras que el de JAMA Pediatrics se centra en el déficit de vitamina K y el sangrado relacionado con él.

Lo que los datos no pueden demostrar
Ambos estudios señalan una asociación preocupante, pero los historiales no explican por sí solos toda la causa del aumento. Que no conste la inyección no equivale automáticamente a un rechazo expreso de los padres. Puede haber errores de registro, atención fuera de los hospitales incluidos y otros factores no medidos. Los autores tampoco pudieron reconstruir con precisión todas las dosis orales o administradas después del alta.
El sangrado aumentó tanto entre los bebés con vitamina K registrada como entre quienes no la tenían, aunque el riesgo fue mayor en este segundo grupo. Los investigadores advierten de posibles cambios en la detección y de diferencias en el estado de salud de madres e hijos. Además, sus resultados no pueden trasladarse sin más a grandes prematuros, a partos fuera del hospital ni a la población española. Son datos de Estados Unidos, no un recuento de casos en España.
Una medida preventiva distinta de la vacunación
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos mantienen la recomendación de vitamina K tras el nacimiento. Explican que el sangrado por déficit puede aparecer sin señales de aviso y afectar al cerebro o al intestino. La finalidad de la dosis es prevenir esa falta de coagulación, no inmunizar frente a un virus.
Los estudios llegan en un contexto de desconfianza hacia distintas intervenciones sanitarias, pero no prueban que una decisión política concreta haya causado cada caso ni convierten la vitamina K en una vacuna. Tampoco justifican sustituirla por alimentos o suplementos elegidos por cuenta propia. Las dudas sobre la administración, sus alternativas o una situación clínica particular deben resolverse con el equipo que atiende el nacimiento.
Para las familias en España, el paso útil es hablar durante el seguimiento del embarazo con matrona, pediatra u obstetra sobre la prevención prevista y dejar las dudas resueltas antes del parto. En El Prisma explicamos también cómo pedir cita con el médico en cada comunidad autónoma. La conclusión de estos trabajos es preventiva: una intervención habitual puede perder visibilidad precisamente porque durante décadas ha evitado una complicación grave.


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