El rey Felipe de Bélgica ha rechazado este viernes 6 de noviembre la dimisión del primer ministro, Bart De Wever, y le ha pedido que reanude de inmediato las negociaciones presupuestarias. La decisión mantiene al jefe del Gobierno al frente de una coalición bloqueada por el reparto del ajuste fiscal, pero no resuelve el desacuerdo: los cinco partidos se han comprometido a hacer concesiones, no han anunciado todavía un presupuesto pactado.
De Wever deberá volver a informar al monarca el lunes 16 de noviembre. El nuevo plazo llega después de que presentara su dimisión el lunes 2, tras fracasar las conversaciones. Felipe había dejado entonces su decisión en suspenso para consultar a los dirigentes de las formaciones que sostienen al Ejecutivo.
Cinco compromisos para volver a negociar
El comunicado del Palacio Real explica que el monarca ha hablado con los presidentes de los cinco partidos de la mayoría. Según la nota, todos quieren cerrar las negociaciones lo antes posible y han reafirmado su voluntad de acordar una trayectoria presupuestaria sólida para los próximos tres años.
La Casa Real añade que ha recibido de cada dirigente el compromiso formal de que su partido está dispuesto a ceder para llegar a un acuerdo dentro del Gobierno. Felipe ha pedido un equilibrio entre preservar la cohesión social y estimular el crecimiento económico. Es sobre esos compromisos sobre los que fundamenta su rechazo de la dimisión.
La distinción importa: el comunicado acredita una disposición política a seguir hablando, pero no contiene una tabla de ingresos y gastos, una distribución del esfuerzo entre partidos ni medidas aprobadas. Tampoco anuncia elecciones anticipadas. El siguiente paso es otra ronda de negociación bajo la dirección de De Wever.
El desacuerdo sobre cómo conseguir 10.000 millones
El Gobierno busca alrededor de 10.000 millones de euros en recortes de gasto y aumentos de ingresos hasta 2029. La discusión no es solo cuánto ajustar, sino quién debe asumirlo y con qué instrumentos. Las diferencias sobre impuestos y gasto han impedido cerrar el plan para 2027 y una senda de varios años.
Los socialistas flamencos de Vooruit reclaman una contribución mayor de quienes más tienen. El Movimiento Reformador, liberal y francófono, se opone a nuevas cargas que considera incompatibles con el acuerdo de coalición y ha rechazado cambios en el IVA. Las propuestas siguen en negociación: no deben leerse como subidas tributarias ya aprobadas.

La información publicada por la radiotelevisión pública flamenca describe una nueva fórmula de trabajo desde el lunes: reuniones con los viceprimeros ministros, cada uno acompañado por una persona adicional. Cada partido podrá decidir si ese acompañante es su presidente. Esa organización de la mesa no equivale a un pacto sobre las medidas.
Los duodécimos provisionales no sustituyen al acuerdo
El bloqueo también obliga al Gobierno a contemplar un presupuesto de emergencia mediante los llamados duodécimos provisionales. El mecanismo permite gastar mensualmente una doceava parte del presupuesto del año anterior y mantener pagos como las pensiones y los salarios públicos mientras falta una nueva ley presupuestaria.
Es una forma de asegurar continuidad administrativa, no la aprobación del ajuste plurianual que persigue De Wever. El primer ministro, que había rechazado empezar otro año con esa solución, ha reconocido esta semana que el Ejecutivo no tendrá otra opción y lo ha presentado como un fracaso de su Gobierno.
El conflicto belga tiene su propia negociación de coalición. En la vecina Francia, la presión sobre salarios y gasto público ha llevado a Lecornu a convocar a sindicatos y patronal. No son procesos vinculados, aunque ambos muestran la dificultad política de repartir los costes económicos.
Hasta el próximo informe del 16 de noviembre, el resultado que puede darse por confirmado en Bélgica es la continuidad de De Wever y la reapertura del diálogo. La promesa de concesiones deja una vía para el acuerdo, pero las decisiones concretas sobre impuestos, gasto y calendario siguen pendientes.


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